A medida que la demencia avanza, la manera de comunicarse de la persona se va modificando. Empiezan a aparecer dificultades, sutiles al inicio, pero que van aumentando a medida que la enfermedad avanza.
Por un lado, se producen alteraciones en el lenguaje:
Alteraciones en la expresión verbal, con dificultad para encontrar las palabras. A menudo la persona, ante estas limitaciones, sustituye la palabra que busca por sinónimos, palabras similares, palabras generales que engloban toda una categoría o incluso toda una frase descriptiva. Por ejemplo: la camisa: la camiseta – eso – la ropa – aquello blanco que llevaba ayer. Podemos tratar de ayudar a la persona a encontrar la palabra, o a expresarse, a través de pistas semánticas o fonéticas, pedir que se exprese mediante ejemplos, que señale con el dedo o bien diciendo nosotros la palabra sin corregir sistemáticamente sus errores para evitar generar más frustración e inseguridad.
Se produce un empobrecimiento del lenguaje espontáneo. El discurso de la persona se va simplificando, reduciendo la cantidad y variedad de las palabras, limitando el uso de nexos, preposiciones y adjetivos. Ante esta situación, es importante saber escuchar, tener empatía, estar atentos tanto al mensaje verbal como al contexto y a las señales no verbales que lo acompañan, haciendo un esfuerzo por comprender aquello que la persona nos está expresando.
Hay también una pérdida de fluidez, con más pausas en el discurso debido a mayores dificultades en la organización gramatical y la producción verbal. Si nuestro familiar se pierde al hablar, o cuando se detenga en medio de una frase, debemos darle tiempo para que la finalice. Podemos ayudar repitiendo las dos o tres últimas palabras que ha dicho o cambiar de tema si no consigue retomar el hilo de la frase, facilitando así que mantenga su dignidad y autoestima.
Aparece un discurso sin contenido, es decir, hablar, a menudo tienden a utilizar frases hechas, pero sin transmitir ninguna información útil. En este caso, no debe prevalecer cuál es el discurso, sino conseguir que la persona se sienta escuchada, acompañada y valorada.
Al mismo tiempo se afecta la comprensión:
De aquello que se dice, con dificultad, al inicio, para procesar ideas complejas u oraciones largas subordinadas, el lenguaje abstracto, los dobles sentidos o las ironías. Esto a menudo genera malentendidos. Se produce una pérdida, al final de la enfermedad, de la capacidad de entender el significado de las palabras.
Para facilitar la comprensión, deberemos hablar de forma clara y sencilla, poco a poco y con un tono de voz calmado. Enfatizar las palabras clave de los mensajes que queremos transmitir. Adaptar la complejidad de la información que damos a las capacidades de la persona, simplificar el discurso, utilizar frases cortas, dar instrucciones una a una. Evitar el uso de pronombres, expresiones inusuales o conceptos abstractos. Evitar el exceso de información o la sobre argumentación. Hacer una sola pregunta cada vez. Así como formular preguntas cerradas, limitando las opciones de respuesta a dos alternativas, o haciendo preguntas que solo requieran una respuesta de sí o no cuando la demencia ha avanzado.
En las fases más avanzadas se reducen hasta el límite las capacidades lingüísticas, provocando la desaparición progresiva del lenguaje. En este sentido, debemos saber que la comunicación no se basa solo en las palabras y ahora será más importante la calidad del contacto que su contenido. Así, el lenguaje no verbal cobra una especial relevancia. Deberemos transmitir afecto, respeto y seguridad con el tono de voz, la expresión facial, el contacto visual, la sonrisa, mostrando interés y evitando señales de impaciencia.
Paralelamente, otras alteraciones cognitivas también afectan a la comunicación:
Puede producirse un enlentecimiento en el procesamiento de la información. La persona tiene otro ritmo y para facilitar que pueda comunicarse debemos tenerlo en cuenta y darle tiempo para responder sin interrumpir, con paciencia, incentivando su esfuerzo mostrando interés, manteniendo el contacto visual y reforzando los intentos para comunicarse a pesar de las dificultades que van apareciendo. Minimizar sus errores para que no se sientan juzgados y frustrados.
También aparece dificultad en el mantenimiento de la atención y la concentración. En este contexto, para facilitar la comunicación es importante escoger el lugar o momento más adecuados, evitando interferencias, interrupciones o un ambiente ruidoso. Es decir, un entorno sin distractores que puedan dificultar la concentración. Será mucho más fácil una conversación de tú a tú que cuando hay muchos interlocutores y, por tanto, muchos más estímulos.
La afectación de la memoria también afectará a la comunicación de la persona, producirá dificultad para encontrar las palabras, limitación de los temas de conversación, la persona puede no recordar hechos y al mismo tiempo puede perderse en medio de una conversación con frases inacabadas y saltos de una temática a otra. Aparece un discurso muy repetitivo. Para minimizar este hándicap debemos reducir la carga de memoria de trabajo, evitando preguntas que impliquen recuperar información de la memoria, es decir, hablar de ahora o de aquello que recuerda. Evitar preguntas incómodas como ¿no te acuerdas?. Repetir la información tantas veces como sea necesario, con mensajes cortos y claros. Se debe conseguir mantener la calma ante preguntas repetitivas y responder como si fuera la primera vez con respuestas sencillas.
Con la demencia también hay una afectación de la capacidad de razonamiento, la persona pierde la capacidad para estructurar sus discursos, planificar qué quiere decir y ordenar los conceptos en una secuencia lógica. Pierde al mismo tiempo la capacidad de abstracción. Teniendo esto en cuenta, deberemos, por un lado, hacer un esfuerzo por entender aquello que nos quieren expresar y por otro lado simplificar nuestro discurso. Formular preguntas cerradas, limitando el número de alternativas de respuesta para facilitar la toma de decisiones. Por ejemplo, ¿Quieres pescado o carne? en lugar de ¿qué quieres cenar?. Cuando la capacidad de la persona para comunicarse esté aún más limitada, podemos simplificar todavía más, con preguntas de sí o no. Por ejemplo, ¿Quieres un plátano? (mientras enseñamos el plátano). Así damos la oportunidad de que la persona continúe decidiendo a pesar de sus limitaciones.
Además, también las alteraciones conductuales afectan a la interrelación interpersonal:
La apatía limita la voluntad de la persona para comunicarse. La persona deja de iniciar conversaciones y solo habla ante preguntas directas y responde de forma breve. El sentimiento de frustración ante la imposibilidad, o el sobreesfuerzo que requiere para entender y hacerse entender, a menudo genera inseguridad y una tendencia al aislamiento. En este contexto, facilitaremos la comunicación buscando temas de interés y motivadores para la persona. Suele ayudar hablar de experiencias vividas antiguas. Es importante también tratar de incluir a la persona en las conversaciones y no hablar como si no estuviera presente. Esto lo podemos hacer pidiendo su opinión, lo que permite a la persona mantener la sensación de autonomía, capacidad de elección, independencia y control de la situación. Al mismo tiempo, debemos hacer un esfuerzo por comprender lo que la persona quiere decir, no corregir constantemente ante confusiones. Validar las emociones de la persona, conseguir una conexión emocional, el contenido no tiene por qué ser actual o real, es más importante la sensación de la persona de ser escuchada.
El exceso de información, así como la conciencia de las dificultades para establecer una buena comunicación generará ansiedad y frustración. Nos comunicamos mejor cuando estamos relajados, así será bueno simplificar el discurso, mostrar nuestro interés sin presionar, corregir ni juzgar. Respetar el ritmo de la persona, no ir con prisas. Además, tener en cuenta que la persona con demencia es muy sensible a los estados de ánimo de las personas de su entorno y pueden detectar si estamos impacientes, preocupados o angustiados.
Por último, la persona también puede sufrir ideaciones delirantes o desconfianza y agresividad.
Puede mostrarse confusa o desconfiada hacia el cuidador principal e incluso manifestar agresividad, a menudo fruto de una mala interpretación de la realidad. Ante esta situación, deberemos evitar discutir, confrontar o intentar usar la lógica. La idea no es convencer a la persona de que está equivocada, sino reducir el malestar y recuperar la funcionalidad. Es necesario mantener la calma, tener una postura tranquila, un tono de voz suave sin negar en ningún momento lo que experimenta la persona, ya que para ella se trata de una experiencia real. Evitar al mismo tiempo confirmar la creencia falsa. Debemos validar la emoción, no la creencia, por ejemplo, entiendo que estés preocupado, o entiendo que te sientas mal, mostrar afecto y ofrecer ayuda, vamos a revisarlo juntos. Es decir, contener la emoción y dar seguridad: no veo esto como tú, pero noto que estás preocupado y quiero ayudarte. Estoy contigo, vamos a ver qué pasa. Probar de redirigir su atención hacia alguna cosa que pueda producirle bienestar. No utilizar un lenguaje imperativo o dar órdenes, usar formas de cortesía: por favor, ¿podría?, ¿probamos? ¿Qué te parece si…? Utilizar términos positivos (decir lo que se puede hacer, no lo que no). Tratar a la persona como el adulto que es, merece respeto sin explicaciones complejas que podrían generar más confusión.
Para concluir, si queremos mantener una buena comunicación, deberemos aprender nuevas maneras de interactuar que nos permitan continuar estableciendo vínculos de calidad. Adaptar nuestra manera de comunicarnos, con mucha empatía, teniendo en cuenta que la demencia no elimina la capacidad de comunicar, sino que la transforma. Lo que cambia es la manera en que la persona expresa, conecta y transmite aquello que necesita o siente.

