BLOG | 10 mitos alrededor del Alzheimer
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a millones de personas en todo el mundo. Las proyecciones de la OMS indican que para el 2050 se habrán triplicado los casos.
A pesar de la familiaridad del nombre Alzheimer, las atribuciones e interpretaciones que a veces hace la población general sobre la enfermedad a menudo son erróneas y no se corresponden a su realidad, ni a lo que implica. Esto contribuye al desconocimiento que puede encaminar a actuar de manera desajustada sin dar soluciones adecuadas a las necesidades ante el diagnóstico.
Es por eso que en este blog os presentamos 10 mitos sobre el Alzheimer a partir de todas las actualizaciones e investigaciones que se han llevado a cabo los últimos años alrededor de esta enfermedad:
1. “Demencia es lo mismo que enfermedad de Alzheimer”
Demencia y Alzheimer no son sinónimos. Existen varias patologías que pueden causar demencia, entre ellas la más frecuente es la enfermedad de Alzheimer.
En una fase temprana, se produce un deterioro progresivo de funciones cognitivas, pero este todavía no interfiere en la autonomía de la persona. En este caso todavía no hay una demencia.
La demencia tipo Alzheimer se diagnostica cuando las alteraciones neuropsicológicas que presenta el paciente interfieren en su funcionalidad, es decir, pierde autonomía y capacidad para realizar tareas propias de su día a día.
2. “No tiene Alzheimer, es muy joven”
El Alzheimer no solo afecta la gente mayor. Entre un 5% y 9% de los diagnósticos se hacen en menores de 65 años, denominándose Alzheimer presenil, precoz o de inicio temprano. Al no ser una enfermedad esperada en personas en edad laboral, hace que se tienda a atribuir a otras causas (por ejemplo, estrés) y se tarde más a obtener un diagnóstico definitivo.
3. “Tiene demencia por la edad”
La demencia no se desarrolla como consecuencia de la edad. Es decir, no por la condición de envejecer se desarrolla una demencia. Personas de edad avanzada pueden mantener preservadas sus funciones cognitivas. En caso contrario, hay que averiguar cuál es la causa real de la demencia, a través diferentes pruebas clínicas y biomarcadores, teniendo en cuenta que la edad cronológica no es causa real.
4. “Recuerda el pasado, por lo tanto, no tiene Alzheimer”
En una fase inicial de la demencia puede haber afectación de la memoria reciente, preservando la memoria por episodios más antiguos. Cuando la enfermedad avanza también se ve afectada la memoria remota.
Aparte de la memoria, en el Alzheimer también hay afectación de la capacidad de planificación y otras funciones cognitivas como la orientación a la realidad, la percepción visual, el lenguaje, etc. Existen cursos atípicos en que predomina la aparición otras alteraciones cognitivas.
5. “Tendrá comportamientos agresivos”
Las personas con Alzheimer muestran un deterioro en diferentes funciones cognitivas, pérdida funcional y pueden o no tener alteraciones de conducta. La aparición de alteraciones de conducta dependerá de varios factores, como su entorno familiar o patologías previas de agresividad o cambios en el comportamiento.
Una persona con Alzheimer no tiene por qué volverse agresiva. La expresión de la enfermedad será modulada carácter previo de la persona.
En las primeras fases de la demencia puede aparecer irritabilidad, que suele ser manejable según el trato y comunicación que se establece con la persona. Se recomienda evitar la confrontación y no evidenciarle las carencias o errores. Igualmente, hay que tener presente que hay medicación que puede ayudar a paliar algunas alteraciones de conducta. Cuando aparezcan, hay que consultar con el neurólogo de referencia para valorar si procede el ajuste del tratamiento farmacológico.
6. “Necesitará un asistente legal”
Las personas con Alzheimer pueden tener dificultades para tomar decisiones a diferentes niveles, debido a problemas para valorar adecuadamente cada opción disponible con sus consecuencias a medida que avanza la enfermedad. Cuando esto sucede, necesitan supervisión y apoyo en este ámbito.
Algunas de las personas con Alzheimer sí que requerirán instar medidas de apoyo a la capacidad jurídica y disponer de la figura de asistente. Aun así, no por tener un diagnóstico de enfermedad de Alzheimer hay que solicitarlas y no todo el mundo las necesita. Es necesario valorar individualmente cada caso implementando las medidas más idóneas que requiera cada uno, personalizando las intervenciones.
Existen otras medidas de apoyo, como los poderes preventivos, en que la misma persona mientras preserva sus funciones cognitivas puede designar a la persona de confianza que desea que se haga cargo de representarle cuando no sea capaz. También el cuidador como guardador puede dar apoyo en diferentes ámbitos.
7. “No comprende nada”
Las personas con Alzheimer pueden tener dificultades de comprensión verbal, que aparecen gradualmente a medida que avanza la enfermedad. Para facilitarla, hay que prestar atención a cómo nos comunicamos: conviene utilizar frases sencillas, dirigirse estando situado cara a cara, así como evitar interferencias del entorno que puedan actuar como distractores.
También hay que secuenciar las indicaciones que requiera la persona al realizar una actividad para que sea asumible. Es importante prestar atención al uso de la comunicación no verbal: gestualidad corporal, el tono de voz, el ritmo empleado…
8. “No hay nada a hacer ante el diagnóstico”
A pesar de que hoy en día no existe un tratamiento curativo del Alzheimer, hay tratamientos para paliar síntomas y retardar su progresión. En paralelo, es recomendable mantener una vida activa con hábitos saludables: realizar actividad física e intelectual, como estimulación cognitiva adaptada a las posibilidades de cada cual para retardar el deterioro cognitivo y potenciar capacidades preservadas.
También se incluye dentro de estos hábitos seguir una dieta equilibrada y mantenerse activo socialmente. Estas estrategias actuarán como protectores para conseguir retardar la progresión de la enfermedad. Por otro lado, brindar el apoyo a la persona a medida que lo requiera permite evitar riesgos y garantizar la seguridad y el bienestar de la persona.
9. “Me miente, me engaña”
La persona con Alzheimer puede llenar sus vacíos de memoria con otra información sin intención de ocultar la verdad. Puede relatar la percepción subjetiva que tiene de la situación, que a veces no se ajusta a la situación objetiva. Para averiguar y certificar qué sucede, hay que verificar y contrastar la información recibida.
10. “Se ha vuelto perezoso, un holgazán”
Puede aparecer en las primeras fases de la enfermedad la carencia de iniciativa y dificultad al planificar y organizarse el día a día. Hay que tener presente que la aparición de esta sintomatología no es intencional, y que se pueden llevar a cabo actividades con la persona con Alzheimer para incentivarla a estar más activa.
Ante las creencias erróneas, es esencial formar y sensibilizar a la población general hacia la enfermedad para eliminar estos mitos y ofrecer un conocimiento real del Alzheimer.
Contar con información veraz y contrastada sobre el Alzheimer es fundamental para entender el diagnóstico y responder adecuadamente a las necesidades que puedan surgir en el transcurso de la enfermedad, tanto por la propia persona como por su entorno.

SÍLVIA PRECKLER
Trabajadora social de Ace Alzheimer Center Barcelona