Con el verano cambian muchas cosas: los horarios, la energía, los hábitos. Es un momento para desconectar y descansar, pero también puede ser una gran oportunidad para cuidar del cerebro. Te damos algunos consejos basados en un artículo de uno de los grupos más prestigiosos de investigación en salud.
Pasar tiempo con amigos y familia
Aunque no lo parezca, charlar con amigos y familiares puede ser sumamente beneficioso para el cerebro. No es necesario tener conversaciones complejas ni enfocadas a la memoria: sencillamente con intercambiar experiencias y poner atención a la otra persona, el cerebro se estimula y se protege contra enfermedades neurodegenerativas. A estas protecciones las llamamos “reserva cognitiva”. La reserva cognitiva puede entenderse como un “colchón” que ayuda al cerebro a protegerse frente al daño. Los factores más comúnmente asociados con ella incluyen el aprendizaje y el ejercicio de la memoria, pero un estudio demostró que niveles altos de contacto social estaban también relacionados con una mayor reserva a largo plazo. Por ello, al quedar con amigos estás también haciéndole un favor a tu cerebro.
Cuidado con el alcohol y otras sustancias
El consumo excesivo de alcohol puede pasarle factura al cerebro poco a poco, deteriorando su funcionamiento con el tiempo. Un estudio con más de 31 millones de personas encontró que el abuso del alcohol se asocia con un mayor riesgo de demencia. Aquí la palabra clave es «abuso»: tomar un vermut de vez en cuando o disfrutar de algún trago no representa un problema. Para hacernos una idea, el consumo considerado de riesgo equivale aproximadamente a 15 cervezas, 13 copas de vino o 7 cócteles por semana. Aun así, el alcohol conlleva otros riesgos para la salud, por lo que la moderación siempre es la mejor estrategia.
Llevar una dieta rica en vegetales
No es casualidad que la OMS haya recomendado la dieta mediterránea para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Comer muchos vegetales, legumbres, frutas, semillas, cereales y aceite de oliva disminuye el riesgo de contraer enfermedades neurodegenerativas. Una investigación con casi 1000 personas encontró que quienes consumían más vegetales verdes tenían una menor probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo 4 años después. ¡No es necesario comer únicamente ensaladas! El pa amb tomàquet, la escalivada, el suquet de pescado o el gazpacho son excelentes ejemplos de dieta mediterránea.
Salir de casa
Además de sus otros beneficios, hacer ejercicio ayuda a reducir el riesgo de demencia. Como muchas cosas en la ciencia, medir el impacto de la actividad física en la salud mental es complejo, pero una investigación que siguió a 191 mujeres durante 44 años encontró que quienes hacían poco ejercicio tenían 32% de posibilidad de desarrollar demencia, mientras que aquellas que se encontraban en mejor forma únicamente tenían el 5% de posibilidad. No es necesario correr un maratón: caminar por la ciudad, pasear por la naturaleza o nadar en el mar son actividades perfectas para cuidar el cuerpo y el cerebro.
Prevenir accidentes
Aunque parezca obvio, una gran forma de proteger el cerebro es no golpearse la cabeza. Los accidentes de coche, moto, bicicleta, boxeo equitación u otras actividades recreativas tienen una relación fuerte con la demencia, especialmente poco después del accidente. Por eso, al salir, siempre es recomendable tener precaución.
No existe una forma mágica de evitar la demencia, pero mientras más avanza la ciencia mejor sabemos cómo prevenirla y todas estas pequeñas acciones pueden ayudar a tener una mejor calidad de vida para ti y para tus seres queridos.
Si quieres saber más, no te pierdas nuestro artículo sobre cómo adaptar las vacaciones cuando cuidas a una persona con Alzheimer.
